DEL SÁBADO PARA EL DOMINGO: ¿CÓMO SUCEDIÓ?
&Analizando la Enseñanza Bíblica &

Dr. Samuele Bacchiocchi
Pocos asuntos han sido discutidos más ardientemente en la historia cristiana como el del cambio en el día del reposo y adoración, del sábado para el domingo en el cristianismo primitivo. Más de 3.000 disertaciones y tratados se han publicado sobre este tema desde la época de la Reforma. Una razón importante para este creciente interés sobre los orígenes históricos del domingo ha sido la necesidad de definir la naturaleza de la observancia del domingo en su relación con el sábado. La discusión se centra a menudo alrededor de esta pregunta fundamental:

¿El domingo se originó como la continuación del sábado y, en consecuencia, se debe observar como un DÍA de reposo y de adoración como el sábado? ¿O el domingo comenzó como una institución cristiana totalmente nueva, radicalmente diferente del sábado, y, por lo tanto, se debe observar más como una HORA de la adoración semanal?

Los cristianos han estado igualmente divididos en su respuesta a estas preguntas. Por un lado están aquellas iglesias que siguen la tradición calvinista que consideran el domingo como el sábado cristiano, para ser observado así como DÍA SANTO de reposo y de adoración al Señor. Por otra parte, hay iglesias que siguen las tradiciones luteranas y católicas que consideran el domingo como diferente del sábado—para ser observado sobre todo como la HORA semanal del culto.

La crisis actual de la observancia del domingo ha encendido un interés renovado para la cuestión del origen del domingo y su relación para con el sábado. Líderes de la Iglesia Católica y protestante estan profundamente preocupados con la disminución alarmante en asistencia a la iglesia. En Italia, de donde vengo, se estima que solamente unos 5% de católicos asisten a misa regularmente los domingos. Cerca de 95% de católicos van a la iglesia tres veces en sus vidas: cuando nacen, se casan y mueren. La situación es esencialmente igual en la mayoría de los países occidentales donde la frecuencia de asistencia a la iglesia solo afecta al 10% de la población cristiana. La frecuencia chocantemente baja de asistencia a la iglesia es considerada por los líderes eclesiásticos como una amenaza para la supervivencia no solamente de sus iglesias sino también del propio cristianismo. A fin de cuentas, toda la esencia del cristianismo es una relación con Dios, y si los cristianos no hacen caso del Señor en el día que consideran como Día del Señor, las consecuencias son que no harán caso del Señor cada día de la semana.

Profundamente enterados de las implicaciones de la crisis en la observancia del domingo para el futuro de las iglesias cristianas, numerosos líderes eclesiásticos y eruditos están reexaminando la historia y la teología del domingo en un esfuerzo de promover más eficazmente su observancia. Según se ha declarado, una pregunta importante tratada en las disertaciones, libros, y artículos recientes es la relación entre el sábado y el domingo.

Dos opiniones con respecto al origen del domingo

En síntesis, hay dos visiones importantes hoy con respecto al origen histórico del domingo y de su relación con el sábado bíblico. El punto de vista más viejo y tradicional, que se puede remontar al cristianismo temprano, mantiene que hay una discontinuidad radical entre el sábado y el domingo, y, por lo tanto, el domingo no es el sábado. Los dos días se diferencian en origen, significado y experiencia. El punto de vista más reciente, que es articulado por el propio Juan Pablo II, el papa anterior, en su Encíclica Dies Domini, mantiene que el domingo comenzó como la incorporación y la “expresión completa” del sábado, y, por lo tanto, debe ser observado como un imperativo bíblico, con sus raíces en el propio mandamiento del sábado.

Según la opinión tradicional, que ha sido adoptada por la Iglesia Católica y aceptada por denominaciones protestantes que siguen la tradición luterana, el sábado era una institución temporal mosaica dada a los judíos, abolida por Cristo, y, consecuentemente, ya no es obligatorio hoy. Los cristianos adoptaron la observancia del domingo, no como la continuación del sábado bíblico, sino como una nueva institución establecida por la Iglesia para celebrar la resurrección de Cristo por medio de la celebración de la Cena del Señor. Esta posición tradicional ha sido asumida por la Iglesia Católica que ha reivindicado la responsabilidad de cambiar el sábado por el domingo. Por ejemplo, Tomás de Aquino (1225-1274 AD) que se considera el teólogo católico más grande que ha vivido, indica explícitamente: “La observancia del día del Señor tomó el lugar de la observancia del sábado, no en virtud del precepto [bíblico], sino por institución de la Iglesia”. Esta visión se ha reiterado a lo largo de los siglos en los catecismos católicos donde se encuentran generalmente declaraciones como esta: “observamos el domingo más bien que el sábado porque la Iglesia Católica, en virtud de su autoridad, ha transferido la solemnidad del sábado para el domingo”.

Sin embargo, recientemente eruditos católicos y protestantes han defendido un origen apostólico de la observancia del domingo. Según estos eruditos, los apóstoles mismos eligieron el primer día de la semana como el nuevo sábado cristiano en el comienzo del cristianismo para conmemorar la resurrección de Cristo.

Esta visión fue abogada en gran medida por el Papa Juan Pablo II en su Encíclica Domini Dies (Día del Señor), promulgada el 31 de mayo de 1998. En este largo documento (más de 40 páginas) el papa hace una apelación apasionada por un renacimiento de la observancia del domingo recurriendo al imperativo moral del mandamiento del sábado, con el domingo siendo observado, no meramente como una institución establecida por la Iglesia Católica, sino como un imperativo moral del Decálogo. La razón es que el domingo presuntamente se originó como la incorporación y la “expresión completa” del sábado y se debe observar como el sábado bíblico.

Juan Pablo se desvía de la posición católica tradicional probablemente porque él desea desafiar a los cristianos a respetar el domingo, no simplemente como institución de la Iglesia Católica, sino como un mandamiento divino. Además, por establecer las raíces de la observancia del domingo en el mandamiento de sábado, el papa ofrece razones morales más fuertes para impulsar a los cristianos a “asegurarse de que la legislación civil respete su deber de mantener el domingo santo”.

Las tentativas hechas por el papa y otros líderes de la Iglesia para firmar la observancia del domingo en el mandamiento del sábado plantea una pregunta importante: “Si se espera que los cristianos observen el domingo como el sábado bíblico, ¿por qué no deben observar el sábado en primer lugar?” ¿Que estaba errado con el sábado bíblico que necesitó ser cambiado para el domingo? Aplicar el mandamiento del sábado a la observancia del primer día de la semana, domingo, puede ser confuso, para decir lo mínimo, porque el cuarto mandamiento impone la observancia del séptimo día, no del primer día. Esta confusión puede explicar por qué muchos cristianos no toman la observancia del domingo seriamente.

Las Conclusiones de Mí Investigación. Para encontrar una respuesta a las cuestiones del tiempo, lugar, causas y consecuencias del cambio del sábado para el domingo en el cristianismo temprano, pasé cinco años en la Universidad Pontificia Gregoriana, de Roma, examinando para mí disertación doctoral los documentos cristianos más antiguos. Los resultados de mí investigación se han publicado en mí disertación Del Sábado Para El Domingo: Una Investigación Histórica del Surgimiento de la Observancia del Domingo en el Cristianismo Primitivo. La disertación fue publicada en 1997 por la universidad gregoriana con el Imprimatur—aprobación católica oficial. El Papa Pablo VI me concedió una medalla de oro por alcanzar la distinción académica summa cum laude en esta investigación y trabajo de la escuela. En este artículo procuraré compartir algunos de los puntos culminantes de esta investigación.

Por motivo de claridad, déjenme indicar para empezar la conclusión de mí investigación. Mí análisis de los textos bíblicos e históricos indica que el cambio del sábado para el domingo no ocurrió por principio del cristianismo, bajo la autoridad de Cristo o de los apóstoles que presuntamente eligieron el primer día de la semana como el nuevo sábado cristiano para celebrar la resurrección de Cristo. El cambio comenzó algo alrededor de un siglo después de la muerte de Cristo durante el reinado del emperador romano Adriano (alrededor de 135 AD), como resultado de una interacción de factores políticos, sociales, paganos y religiosos que se mencionarán pronto. Esencialmente, era la necesidad de evitar la represiva legislación anti-judía y anti-sábado promulgada en 135 AD por el Imperador Adriano, que llevó el obispo de Roma a iniciar el cambio del sábado para el domingo y de la pascua para el domingo de Pascua. Estos cambios fueron diseñados para demostrar la separación y la diferenciación cristianas de los judíos en un momento en que religiosos judíos fueron proscritos por el gobierno romano.

Las implicaciones de esa conclusión es que el cambio del sábado para el domingo no fue meramente un cambio de nombres, sino de significado, autoridad, y experiencia. Para ayudarlos a ver como llegué a tal conclusión, los conduciré paso a paso por las partes más importantes de mí Investigación. Comenzaremos por examinar primeramente el presunto papel de Cristo, de Su resurrección y de la iglesia de Jerusalén, en el cambio del sábado para el domingo. Luego procederemos a considerar la influencia capital de la iglesia de Roma y del culto al sol en la adopción del domingo.

JESÚS Y EL ORIGEN DEL DOMINGO

Un punto de vista popular defendido recientemente por varios eruditos es de que Cristo preparó el camino para el abandono del sábado y adopción de la guardia del domingo en su lugar, por sus reivindicaciones mesiánicas y su método provocativo de observancia del sábado, lo que causó considerable controversia con los religiosos de Su tiempo. Un ejemplo de eso es el simposio “From Sabbath to the Lord's Day”, producido por siete eruditos británicos y americanos y bajo el patrocinio del Tyndale Fellowship for Biblical Research in Cambridge, Inglaterra. Los autores mantienen que Cristo transcendió la ley del sábado por Sus reivindicaciones mesiánicas. El actuó contra las tradiciones sabáticas prevalecientes para conceder a Sus seguidores la libertad de reinterpretar el sábado y escoger un nuevo día de culto, que mejor se ajustase para expresar su nueva fe cristiana.

El problema fundamental con esta opinión popular es que interpreta de modo groseramente equivocado la intención de las actividades y enseñanzas controvertidas de Cristo sobre el sábado, que eran claramente designadas, no para anular, sino para clarificar la divina intención del Cuarto Mandamiento. Cristo actuó deliberadamente contra concepciones erradas en cuanto al sábado, no para terminar su observancia, sino para restaurar el día al propósito para el que Dios lo tenía establecido.

Se debe notar que toda vez que era acusado de violar el sábado, Cristo rehusaba aceptar la acusación, y la refutaba. Él Se defendía y a Sus discípulos de la acusación de violar el sábado recurriendo a las Escrituras: “¿No han leído . . .?” (Mat. 12:3-5).

La intención de las provocativas enseñanzas y actividades de Cristo en el sábado no fue para preparar el camino para el abandono del sábado y adopción de la observancia del domingo, sino demostrar el verdadero significado y función del sábado, o sea, un día “para hacer el bien” (Mat.

12:12), “salvar vida” (Mar. 3:4), libertar personas de la esclavitud física y espiritual (Luc. 13:12,16), y revelar “misericordia”, antes que religiosidad (Mat. 12:7). Un estudio cuidadoso de esas declaraciones sabáticas de Jesús claramente indican que Él no tuvo ninguna intención de abolir el sábado, sino de indicar su sentido de celebración del amor creativo y redentor de Dios por la ofrenda de un culto vivo y amoroso a las personas en necesidad.

LA RESURRECCIÓN Y EL ORIGEN DEL DOMINGO

La opinión común entre observadores del Domingo es que el sábado fue cambiado para el domingo por la Iglesia Apostólica para conmemorar la resurrección de Cristo. Esta es la explicación más frecuente que se presenta para la tradición dominical. Hasta el papa hace referencia a la resurrección y apariciones de Jesus en el domingo en su Encíclica Dies Domini para argumentar en favor del origen apostólico del domingo. Numerosos eruditos católicos y protestantes han escrito en defensa del mismo punto de vista.

A despecho de su popularidad, la alegación de que la resurrección de Cristo en el primer día de la semana causó el cambio del culto de sábado para el domingo no tiene base bíblica ni histórica. Un estudio cuidadoso de todas las referencias a la Resurrección revela la incomparable importancia del evento, pero no provee ninguna indicación concerniente a un día especial para celebrarlo. El Nuevo Testamento no atribuye ninguna significación litúrgica al día de la resurrección de Cristo simplemente porque la Resurrección era vista como una realidad existencial experimentada por vivir victoriosamente por el poder del Salvador resucitado, no por una práctica litúrgica asociada con el culto dominical.

En un artículo que se publica en el Foro Adventista tenemos diez principales razones que desautorizan la observancia del domingo y al que se puede acceder por el siguiente link:

http://foroadventista.com/index.php/topic,165.msg1132/topicseen.html#msg1132

JERUSALÉN Y EL ORIGEN DEL DOMINGO
Relacionado muy de cerca con el alegado papel de la Resurrección existe la opinión popular de que la Iglesia de Jerusalén fue pionera en el abandono del sábado y adopción del domingo. Yo dediqué el capítulo 5, “Jerusalén y el origen del domingo” en mí disertación para un análisis detenido de este punto de vista. Mí investigación demuestra que ese entendimiento popular reposa sobre tres principales falsas presuposiciones.
El Domingo Comenzó en Jerusalén Porque Cristo Resucitó Allí

Primeramente, se presupone que Jerusalén debe ser la cuna de nacimiento de la guarda del domingo porque ese es el lugar donde Jesús resucitó en el primer día de la semana. Se alega que inmediatamente después de la resurrección de Cristo, los apóstoles “ya no se sintieron bien con los cultos del sábado judío” y consecuentemente pasaron a instituir el culto del domingo con intención de conmemorar la Resurrección mediante una liturgia cristiana bien distinta.

Como ya hemos visto, esa presuposición carece de apoyo bíblico e histórico porque en la Iglesia apostólica la Resurrección era vista como una realidad existencial experimentada por vivir victoriosamente por el poder del Salvador resucitado, no por una práctica litúrgica asociada con el culto del domingo. También hicimos notar antes que nada en el Nuevo Testamento prescribe o sugiere la conmemoración de la resurrección de Jesús en el domingo. El nombre mismo “Día de la Resurrección” no aparece en la literatura cristiana hasta en el principio del cuarto siglo.

Si la primitiva Iglesia de Jerusalén fuera la pionera y promotora del culto dominical por no sentirse ya bien con el sábado judío, se esperaría encontrar en tal iglesia una ruptura inmediata de las tradiciones religiosas y cultos judíos. Pero lo opuesto a eso es lo que se observa. Tanto el libro de Hechos de los Apóstoles como varios documentos judío-cristianos claramente revelan que la composición étnica y la orientación teológica de la Iglesia de Jerusalén eran profundamente judíos. La caracterización de Lucas de la Iglesia de Jerusalén como de “celosos por la ley” (Hechos 21:20), es una descripción exacta que difícilmente permitiría el abandono de un precepto importantísimo de la ley, como era el sábado.

Pablo Aprendió Sobre la Observancia del Domingo
Con los Líderes Judíos

La segunda presuposición falsa es la idea de que Pablo aprendió sobre la observancia del domingo con los líderes apostólicos de la Iglesia de Jerusalén y lo enseño a los conversos gentiles. La razón dada para esa presuposición es que Pablo difícilmente tomaría la iniciativa de abandonar el sábado para adoptar el domingo sin provocar la oposición de los hermanos judíos. La ausencia de cualquier vestigio de controversia es interpretada como significando que Pablo aceptó la observancia del domingo como le fué enseñada por hermanos judíos, y promovió esa práctica entre las iglesias gentiles que él estableció.

Esta presuposición es correcta en mantener que Pablo no podría haber iniciado la observancia del domingo sin despertar la oposición de los hermanos judíos, pero es incorrecta en presumir que los hermanos judíos enseñaran a Pablo la observancia dominical. La verdad es que los cristianos judíos, como veremos, eran profundamente comprometidos con la observancia de la ley en general, y del sábado en particular. La ausencia de cualquier controversia entre Pablo y los hermanos judíos indica, al contrario, que el sábado nunca se hizo un asunto de polémica en la iglesia apostólica porque era fielmente observado por todos los cristianos.

Solamente la Iglesia Apostólica de Jerusalén Podría Cambiar
el Sábado Para el Domingo

La tercera presuposición falsa es de que solamente la Iglesia de Jerusalén, que era la Iglesia-madre de la cristiandad, reunía suficiente autoridad y respeto para persuadir a todas las iglesias cristianas esparcidas por todo el imperio romano para cambiar su día semanal de culto del sábado para el domingo. Iglesias de menor influencia nunca podrían haber realizado este cambio.

El problema fundamental con esta presuposición es el fallo en reconocer la composición judía y la orientación teológica de la Iglesia de Jerusalén. De todas las iglesias cristianas, la iglesia de Jerusalén era la única que estaba compuesta casi exclusivamente de cristianos judíos que era celosos en la observancia de la ley en general, y del sábado en particular.

       Fidelidad a la Ley. La fidelidad de la Iglesia de Jerusalén a la ley mosaica se refleja en las decisiones del Concilio de Jerusalén que ocurrió cerca de 49-50 AD (ver Hech. 15). La exención por la circuncisión es permitida solamente “a los hermanos que son de los gentiles” (Hech. 15:23). Ninguna concesión se hace a judíos-cristianos, que deben continuar circuncidando a sus hijos.

Además, la exención de los gentiles de la circuncisión no les liberó de la observancia de la ley en general y del sábado en particular. Eso esta claramente indicado por el hecho de que se esperaba que los gentiles observasen las cuatro leyes mosaicas referentes al “extranjero” que habitaba entre los israelitas. Esas leyes se encuentran en Levítico 17-18, y son citadas en la decisión del Concilio de Jerusalén: “Que os abstengáis de los sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación” (Hechos 15:29). Esa preocupación del Concilio de Jerusalén con contaminación ritual y leyes alimentares judías refleja su continua fidelidad a las leyes mosaicas.

Esta conclusión es apoyada en la razón dada por Santiago para exigir que los gentiles observasen las cuatro leyes mosaicas relativas al “extranjero”: “Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo” (Hechos 15:21). Todos los intérpretes reconocen que tanto en su propuesta como en su justificación, Santiago reafirma la naturaleza obligatoria de la Ley Mosaica que se acostumbraba a enseñar todos los sábados en la sinagoga.

La Última Visita de Pablo. Más comprensión de la cuestión es concedida por la última visita de Pablo a Jerusalén. El apóstol fue informado por Santiago y los ancianos que millares de convertidos judíos eran “todos celosos de la ley” (Hechos 21:20). Los mismos líderes presionaron Pablo para probar al pueblo que él también vivía “ordenadamente, guardando la ley” (Hechos 21:24), sometiéndose al rito de la purificación del Templo. A la luz de este profundo compromiso con la observancia de la ley, es inconcebible que la Iglesia de Jerusalén hubiera abolido el sábado, uno de los principales preceptos de la ley, para dar lugar al culto del domingo.

Acaso el Domingo Se Originó en la Palestina Después de 70 A.D.?

Las evidencias anteriores han llevado muchos eruditos a argumentar que la observancia dominical comenzó en Palestina aproximadamente en un tiempo ligeramente posterior, o sea, después de la destrucción del Templo en el 70 D.C. por los romanos. Se presume que la huida de los cristianos de Jerusalén hacia Pella, como también el impacto psicológico de la destrucción del Templo, alejó a los cristianos palestinos de las observancias judías como la observancia del sábado.

Esa presuposición es desacreditada por los testimonios tanto de Eusebio como de Epifanio que nos informan que la Iglesia de Jerusalén después de 70 D.C. y hasta el asedio de Jerusalén por Adriano en 135 D.C. estaba compuesta y administrada por convertidos judíos, los cuales son caracterizados como “celosos en insistir en cuanto a la observancia literal de la ley”.

La continuidad de la observancia del sábado entre los cristianos palestinos, conocidos como ‘nazarenos’, es evidenciada por el testimonio de un historiador palestino del cuarto siglo, Epifanio. Él nos dice que los nazarenos, que eran “los propios descendientes de la primitiva comunidad” de Jerusalén, insistían y persistían en la observancia del sábado del séptimo día hasta su propio tiempo, o sea, cerca de 350 D.C. Yo me acuerdo vividamente de la alegría que sentí cuando encontré el testimonio de Epifanio. Ansiosamente mostré ese documento a mí profesor, el jesuita Vincenzo Monachino, que lo leyó atentamente y luego exclamó: “Este es el golpe de muerte a la teoría que hace de Jerusalén el lugar de nacimiento de la observancia dominical”.

Mí profesor inmediatamente comprendió que si los descendientes directos de la Iglesia de Jerusalén persistían en la observancia del sábado hasta por lo menos el cuarto siglo, entonces la iglesia de Jerusalén difícilmente podría haber sido la pionera en el abandono del sábado y la adopción del domingo durante el período apostólico. De todas las iglesias cristianas, la iglesia de Jerusalén era tanto teológica cuanto étnicamente la más próxima y la más fiel a las tradiciones religiosas judías, y en consecuencia la que menos probablemente cambiaría el día de reposo.

La Propaganda Anti-Judía. Un factor significativo es la propaganda anti-judía por un gran número de autores romanos que comenzaron a atacar a los judíos racialmente y culturalmente, burlándose especialmente de la observancia del sábado y la circuncisión como ejemplos de supersticiones judías degradantes. Estos autores se burlaban especialmente la observancia del sábado como un ejemplo de pereza de los judíos. Literatura de desprecio a los judíos se puede encontrar en los escritos de Séneca (m. 65 A.D.), Persio (34-62 A.D.), Petronio (ca. 66 A.D.), Quintiliano (ca. 35-100 A.D.), Marcial (ca.40-104 A.D.), Plutarco (ca. 46-119 A.D.), Juvenal (125 A.D.) y Tácito (ca. 55-120 A.D.), todos residentes en Roma la mayor parte de su vida profesional.

Legislación de Adriano. El sexto y más decisivo factor que influyó en el cambio del día de culto del sábado para el domingo, es la legislación anti-judía y anti-sábado promulgada por el Emperador Adriano en 135 D.C. Adriano llegó al punto de prohibir la práctica de la religión judía en general, y la observancia del sábado, en particular, en 135 D.C.

Esa legislación represiva anti-judía fue promulgada por Adriano después de tres años de lucha sangrienta (132-135 D.C.) para aplastar la rebelión judía. Sus legiones romanas sufrieron muchas pérdidas. Cuando el Emperador finalmente capturó Jerusalén, decidió lidiar con el problema judío en una manera radical. Mató a millares de judíos y tomó a otros millares como esclavos para Roma. Él hizo de Jerusalén una colonia romana, llamándola Aelia Capitolina. Prohibió a los judíos y los cristianos judíos de entrar en la ciudad. Aún más importante para nuestra investigación, Adriano prohibió la práctica de la religión judía en general y la observancia del sábado en particular por todo el imperio.

No es sorpresa que los judíos consideren a Adriano y Hitler como los hombres más despreciables de la historia. Los dos hombres comparten la distinción de desear borrar la religión y el pueblo judíos. Adriano trató de abolir el judaísmo como una religión y Hitler trató de liquidar los judíos como un pueblo.

Cuando supe sobre la legislación adriánica anti-judía y anti-sabática, me pregunté: ¿como reaccionaron los cristianos, especialmente los que vivían en Roma bajo la atención inmediata del Imperador, a tal legislación? ¿Acaso prefirieron permanecer fieles a su observancia del sábado, aunque significara ser castigados como judíos, o abandonaron la observancia del sábado para dejar clara delante de las autoridades romanas su separación y diferenciación de los judíos?

La respuesta es simple. Muchos cristianos cambiaron el tiempo y manera de observancia de dos instituciones asociadas en el judaísmo, o sea, el sábado y la Pascua. Muy pronto veremos que el sábado fue cambiado al domingo y la Pascua al domingo de Pascua para evitar cualquier semejanza con el judaísmo.

Teología Cristiana de Desprecio Por los Judíos. Para entender lo que contribuyó para esos cambios históricos, necesitamos mencionar un importante séptimo factor, o sea, el desarrollo de una teología cristiana de desprecio por los judíos. Esto es lo que pasó. Cuando la religión judía en general y el sábado en particular fueron desterrados por el gobierno romano y objeto de burla por autores romanos, un cuerpo entero de literatura cristiana [i]Adversus Judaeos[/i] (“contra todos los judíos”) comenzó a aparecer. Siguiendo al liderazgo de escritores romanos, autores cristianos desarrollaron la teología “cristiana” de separación de los judíos y desprecio a ellos. Costumbres característicos judíos, como la circuncisión y la observancia del sábado, eran proclamados como señales de la depravación judía.

La condenación de la observancia del sábado como una señal de impiedad judía, contribuyó para el abandono del sábado y la adopción del domingo para clarificar junto a las autoridades romanas la separación cristiana del judaísmo y la identificación con el paganismo romano. Ese cambio histórico del sábado para el domingo fue iniciado por la iglesia de Roma—una iglesia predominantemente gentílica que, como se observó antes, asumió el liderazgo de las comunidades cristianas después de la destrucción de Jerusalén en 70 D.C. Para ver como la iglesia de Roma se dedicó a alejar los cristianos de la observancia del sábado e incentivar en su lugar la observancia del domingo mencionaremos brevemente las medidas teológicas, sociales y litúrgicas tomadas por la iglesia de Roma.

Medidas Tomada por la Iglesia de Roma

Teológicamente, el sábado fue reducido de una institución creacional establecida por Dios para la humanidad, a una institución mosaica dada exclusivamente a los judíos como una señal de su depravación. Justino Mártir, por ejemplo, un líder de la iglesia de Roma que escribió por mediados del segundo siglo, alega en su Diálogo con Trifo, que la observancia del sábado fue una ordenanza mosaica temporal que Dios impuso exclusivamente a los judíos como “una marca para separarlos para el castigo que bien merecen por sus infidelidades”.

Es duro de comprender como líderes de la Iglesia como Justino, que se hizo un mártir de la fe cristiana, pudieron rechazar el significado bíblico del sábado como una señal de compromiso de alianza a Dios (Éxo. 31:16,17; Eze. 20:12,20), y reducirlo, al contrario, a una señal de depravación judía. Lo que es aún más duro es aceptar la ausencia de cualquier condenación erudita por tal absurdo y teología embarazosa para condenar a los judíos—una teología que interpreta despreciablemente instituciones bíblicas como el sábado, para dar la sanción bíblica a la represión política y social de los judíos.

La triste lección de la historia es que el deseo de ser políticamente correcto por apoyar políticas populares inmorales, como la de la exterminación de judíos, musulmanes y herejes, o la perpetración de la esclavitud, ha llevado algunos líderes eclesiásticos y eruditos bíblicos a volverse bíblicamente incorrectos. Ellos crearon teologías anti-bíblicas que sancionan prácticas populares inmorales. Es imposible evaluar el daño causado por esas teologías de conveniencia para nuestra sociedad y para la cristiandad en general.

Por ejemplo, el fallo de líderes de la iglesia y eruditos de disculparse por la teología de desprecio a los judíos ha contribuido, entre otras cosas, para el origen de la popular teología dispensacionalista. Esa teología, aceptada por muchas Iglesias evangélicas hoy día, enseña entre otras cosas que Dios arrebatará la Iglesia secreta y súbitamente antes de derramar Su ira sobre los judíos durante los siete años finales de la Tribulación. La popularidad del libro Dejados Atrás, que está tomando a los americanos como una avalancha, es prueba tangible de cuán difundida está esa enseñanza hoy.

Socialmente, la interpretación negativa del sábado como una señal de la impiedad judía llevó a la iglesia de Roma a transformar la observancia del sábado de un día de festividad religiosa y alegría a un día de ayuno y tristeza. El propósito del ayuno del sábado no era para animar la observancia espiritual del sábado, sino, como enfáticamente declaraba el decreto papal del Papa Silvestre (314-335 A.D.), el ayuno sabático era designado para mostrar “desprecio por los judíos” (exsecratione Judaeorum) y por su “festival” del sábado (destructione ciborum). La tristeza y hambre resultantes del ayuno capacitarían los cristianos a evitar “parecer que observaban el sábado con los judíos” y los animaría a entrar más ansiosa y alegremente en la observancia del domingo.

El ayuno semanal en los sábados se desarrolló como una extensión o contraparte del ayuno anual del sábado en la semana santa. Este era el día cuando todos los cristianos que adoptaron el domingo de Pascua romano, ayunaban. El ayuno anual de la Pascua, como el ayuno del sábado semanal, eran destinados a expresar no solo tristeza por la muerte de Cristo, sino también desprecio por los judíos que eran considerados los perpetradores de Su muerte. Por ejemplo, un documento del tercer siglo, conocido como Didascalia Apostolorum (Las Enseñanzas de los Apóstoles – de ca. de 250 D.C.) insta los cristianos a ayunar en el viernes de Pascua y en el sábado “por causa de la desobediencia de nuestros hermanos [o sea, los judíos] . . . por que en él el pueblo se mató a si mismo al crucificar a nuestro Salvador”.

La mayoría de los eruditos concuerda que la iglesia de Roma fue responsable por repudiar la fecha de la Pascua (14 de Nisan) y promover en su lugar el domingo de Pascua. El cambio de la Pascua para el domingo de Pascua fue introducido por la iglesia de Roma en la última mitad del siglo II para evitar, como explica el Prof. Lightfoot, “hasta una semejanza con el judaísmo”. La motivación anti-judía para el repudio de la fecha bíblica de la Pascua es claramente expresada por Constantino en su carta a los obispos cristianos en el Concilio de Nicea (325 A.D.). En esa carta conciliar el Emperador insta a todos los cristianos a seguir el ejemplo de la iglesia de Roma por adoptar el domingo de Pascua, porque, él escribió: “No debemos, pues, tener cualquier cosa en común con los judíos, porque el Salvador nos ha mostrado otro camino. . . En adoptar unánimemente esta modalidad [o sea, el domingo de Pascua] deseamos, queridísimos hermanos, separarnos de esta detestable compañía de los judíos”. Esta carta del Concilio de Nicea representa la culminación de una controversia iniciada dos siglos antes que se centralizó en Roma.

Las mismas motivaciones anti-judías que causaron el cambio de la Pascua para el domingo de Pascua son también responsables de la sustitución contemporánea de la observancia del sábado por el culto dominical. Esta conclusión es apoyada no solamente por el hecho de que el sábado judío compartía la misma condenación anti-judía de la Pascua judía, sino también por la conexión muy próxima entre la observancia del ayuno del sábado de Pascua que era seguido por el regocijo del domingo de Pascua. La unidad básica entre esas observancias anual y semanal es afirmada explícitamente por los Padres, y sugiere adicionalmente un origen común en la iglesia de Roma al mismo tiempo y debido a causas semejantes.

Se debe notar que la tentativa del papa de eliminar el brillo festivo del sábado por hacer de ese día un tiempo de riguroso ayuno no fue recibido favorablemente por todas las Iglesias. Las Iglesias Orientales, por ejemplo, resistieron a la adopción del ayuno del sábado, como también el domingo de Pascua. De hecho, su resistencia a esas prácticas finalmente contribuyeron para la histórica ruptura en 1054 D.C. entre la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa Griega.

Litúrgicamente, la Iglesia de Roma decretó que ninguna asamblea religiosa y celebraciones eucarísticas fuesen mantenidas los sábados. Por ejemplo, el Papa Inocencio I (402-417 A.D.) declaró que “como mantiene la tradición de la Iglesia, en esos dos días [viernes y sábado] uno no debería absolutamente celebrar los sacramentos”. Dos historiadores eclesiásticos contemporáneos, Sócrates y Sozomen, confirman el decreto de Inocencio I. Por ejemplo, Sozomen (ca. De 440 A.D.) nos cuenta que mientras “el pueblo de Constantinopla, y casi por todas partes, se reúne los sábados, como también en el primer día de la semana, tal costumbre nunca es observada en Roma y Alejandría”.

Resumiendo, las evidencias históricas arriba referidas indican que la iglesia de Roma utilizó medidas teológicas, sociales y litúrgicas para vaciar el sábado de cualquier significación religiosa, y para promover la observancia del domingo en su lugar.

EL CULTO AL SOL Y EL ORIGEN DEL DOMINGO

La discusión precedente se enfocó sobre la influencia de factores sociales, políticos y religiosos que contribuyeron para el abandono del sábado. La cuestión que todavía permanece sin respuesta es: ¿Por qué el domingo fue escogido para mostrar separación y diferenciación de los judíos? ¿Por qué los cristianos no adoptaron otro día como el viernes, para conmemorar el sacrificio expiatorio de Cristo para nuestra redención?

El Culto al Sol y el Domingo. La respuesta a estas indagaciones se encuentra especialmente en la influencia del culto al sol con su día del sol, que se hizo “dominante en Roma y otras partes del Imperio desde la primera parte del según siglo A.D.” El dios-sol invencible se hizo el dios-jefe del panteón romano y era adorado especialmente en el dies solis, o sea, “el día del sol”, conocido en calendarios varios exactamente con ese nombre, como en inglés, Sunday, alemán, Sonntag, holandés, Zondag.

Para entender como el Día del Sol se hizo el primer y más importante día de la semana romana, conviene observar que los romanos adoptaron la semana de siete días de los judíos poco antes del comienzo del cristianismo. Con todo, en lugar de enumerar los días como los judíos, los romanos escogieron dar nombres a los días semanales según los siete planetas que adoraban como dioses.

Pero, lo que es sorprendente, es que inicialmente los romanos tenían el Dies Saturni (el día de Saturno) el primer día de la semana. La razón es que durante el primer siglo, el dios Saturno era visto como más importante que el dios Sol. Consecuentemente, el día de Saturno fue hecho el primer y más importante día de la semana. La situación se alteró por el inicio del siglo II, cuando el dios sol se hizo el dios romano más importante. La popularidad del dios sol condujo al avance del día del sol de la posición de segundo día de la semana a la de primer y más importante día semanal. Esto obligó cada uno de los demás días a avanzar un día, y el día de Saturno, pues, se hizo el séptimo día de la semana para los romanos, como fuera para los judíos y cristianos.

Cuando yo supe del avance del día del sol del segundo día de la semana en el primer siglo, para primer día de la semana en el según siglo, me planteé la pregunta:  ¿Es posible que este acontecimiento influenciara los cristianos con una formación cultural pagana a adoptar y adaptar el día de domingo para su culto cristiano a fin de mostrar separación de los judíos e identificación con los romanos en el tiempo cuando la observancia del sábado se prohibió por la ley romana?

Evidencias Indirectas. Durante el curso de mí investigación encontré abundantes evidencias indirectas y directas apoyando esa hipótesis. Descubrí que las personas que habían hecho culto al dios sol y sus días paganos, trajeron con ellos a la Iglesia varias prácticas paganas. La existencia del problema es evidenciada por frecuentes reprensiones de los líderes cristianos a aquellos cristianos que veneraban el dios sol, especialmente en el día del sol.
La influencia del culto al sol puede ser vista en el arte y literatura cristiana primitivas, donde la simbología del dios-sol es muchas veces usada para representar a Cristo. De hecho, en la representación pictórica de Cristo (con fecha de ca. de 240 D.C.), que fue descubierta bajo el confesionario de la Basílica de San Pedro excavado durante 1953-57, hay un mosaico que retrata a Cristo como el dios-sol montando la cuádriga, el carruaje del sol. El amanecer se hizo también la orientación para la oración y para las iglesias cristianas. El dies natalis solis Invicti, el nacimiento del sol invencible, que los romanos celebraban en 25 de diciembre, fue adoptado por los cristianos para conmemorar el nacimiento de Cristo.

Evidencia Directa. La influencia más directa del culto al sol en la adopción del domingo, es concedida por el uso de la simbología del sol para justificar la real observancia del domingo. Los motivos de luz y del sol son frecuentemente invocados por los Padres de la Iglesia para desarrollar una justificación teológica para el culto de domingo. Por ejemplo, Jerónimo explica: “Si es llamado el día del sol por los paganos, debemos de muy buena voluntad reconocerlo como tal, una vez que fue en ese día que la luz del mundo apareció y en ese día el Sol de la Justicia resucitó”.

Conclusión. La conclusión de mí investigación conducida a lo largo de un período de cinco años en las bibliotecas y archivos de la Universidad Pontificia Gregoriana, en Roma, Italia, es de que el cambio del sábado para el domingo se pasó, no por la autoridad de Cristo o de Sus apóstoles, sino como resultado de una conjunción de factores sociales, políticos, paganos y religiosos. Yo descubrí que el anti-judaísmo llevó muchos cristianos a abandonar la observancia del sábado para diferenciarse de los judíos en un tiempo cuando el judaísmo en general y la observancia del sábado en particular eran prohibidos en el Imperio Romano. El culto al sol influenció la adopción de la observancia dominical para facilitar la identificación e integración cristiana con las costumbres y ciclos del Imperio Romano.

Declarado de manera simple, el sábado fue cambiado para el domingo debido a la conveniencia, o sea, la necesidad de evitar la legislación romana anti-judía y anti-sabática. Podemos preguntar: ¿es la conveniencia un motivo legítimo para cambiar un mandamiento divino? ¿Jesús alguna vez ha dicho: “Si se hace difícil observar uno de mís mandamientos, no sufran por eso! Cámbienlo!?”

Obviamente la respuesta es “No!” Una enseñanza tal no se encuentra en la Biblia. Con todo, de tiempo en tiempo en la historia del cristianismo, algunos líderes eclesiásticos y organizaciones religiosas han escogido la conveniencia y el compromiso sobre la fidelidad a las enseñanzas bíblicas.
El cambio del sábado para el domingo no fue simplemente de nombres y números, sino de autoridad, significado y experiencia. Fue un cambio de un Día Santo, divinamente establecido para capacitarnos a experimentar más libremente y más completamente la conciencia de la divina presencia y paz en nuestras vidas, por un día festivo para buscar placer y ganancia personal. Este cambio histórico ha afectado grandemente la calidad de la vida cristiana de innumerables cristianos que a lo largo de los siglos fueron privados de renovación física, mental y espiritual que el sábado está designado a conceder. El cambio también ha contribuido para el enorme declive en asistencia a la iglesia, lo que está amenazando la supervivencia de Iglesias históricas en muchas naciones occidentales.

La recuperación del sábado es especialmente necesaria hoy, cuando nuestras almas, fragmentadas, penetradas y disecadas por una cultura cacófona y llena de tensión, clama por la liberación y realineamento que nos espera en el día sábado.

Redescubrir el sábado en esta era cósmica concede la base para una fe cósmica, una fe que abarca y une la creación, redención, y restauración final: el pasado, el presente, y el futuro; el hombre, la naturaleza, y Dios; este mundo y el mundo por venir.

Es una fe que reconoce el dominio de Dios sobre toda la creación y la vida humana por consagrarLe el séptimo día; una fe que cumple el verdadero destino del creyente en tiempo y eternidad; una fe que permite que el Salvador haga más ricas las nuestras vidas con una medida más amplia de Su presencia, paz y descanso.

Dr. Samuele Bacchiocchi
Profesor jubilado de Teología y Historia Eclesiástica, Universidad Andrews

Obs.: Para obtener notas de referencia de las citas históricas tenemos el mismo artículo, con variaciones de contenido, en lengua portuguesa, donde las mismas citas de este artículo son referenciadas. Lo adjuntamos a este material para los que lo quieran bajar [hacer download], o si prefiere puede leerlo por el siguiente link:

Dr. Samuele Bacchiocchi
http://foroadventista.com/index.php/topic,623.15.html
 


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