“Tiros” Interpretativos Que Salen Por la Culata

&Analizando la Enseñanza Bíblica &

Prof. Azenilto G. Brito
Algunos textos bíblicos usados para probar ciertas opiniones muchas veces significan exactamente el opuesto de lo que es enseñado utilizándolos

       Veamos algunos textos que tratan del asunto de la ley de Dios y su 4to. mandamiento:

       * Mateo 5: 17, 18: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido”.

       Este texto es usado por algunos que piensan que Jesús está diciendo que Él cumplió la ley para que los cristianos estén libres de la obligación de obedecer a sus preceptos. Pero la simple lectura de los versos siguientes y anteriores muestra como este entendimiento está totalmente errado.
       La estructura contextual en que se encuentra dicho texto muestra el opuesto de esa interpretación. Examinémosla:

       Vs. 16: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”.
        Vs. 20: “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”.

       El énfasis está sobre la más perfecta obediencia posible y la práctica de buenas obras que despierten el loor de hombres a Dios.
       Sería muy extraño que Jesús desease hablar del fin de la ley al mismo tiempo en que resalta que enseñar contra obediencia a ella descalificaría uno a punto de ser considerado “el más pequeño” del reino de los cielos. Que eso no significa que una persona que no sea obediente se salvará de cualquier manera (solo no consiguiendo un rango muy elevado en el reino celestial) se hace claro por el lenguaje del vs. 20: “no entraréis en el reino de los cielos”. ¿Cómo alguien que es relapso en su obediencia a Dios podrá jamás superar la justicia de los escribas y fariseos?

       Por fin, surge la siguiente pregunta sobre este texto: Siendo que Jesús dirigió estas palabras a aquellos a quienes llamó de “sal de la Tierra”, “luz del mundo” (vs. 13, 14), y a los cuales más tarde enseño a orar el Padre Nuestro (Mat. 6:9, 10), ¿por qué estas mismas palabras no se aplicarían a los que HOY se consideran “sal de la Tierra”, “luz del mundo” y oran el Padre Nuestro?

       Conclusión: Mateo 5:17-19 a la luz de su contexto inmediato y el tenor global de la enseñanza de Cristo es una fuerte prueba en favor de la continuidad de la validez de la ley de Dios para los cristianos. Estos textos son como “tiros” interpretativos que salen por la culata se utilizados para decir que Cristo abolió la ley por Su cumplimiento de ella mediante perfecta obediencia a todos los sus preceptos.
 

      * Mateo 22:37-40: “. . . Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”.

       Algunos confunden la “regla áurea” como un sustituto para el Decálogo, como se la declaración de Jesús representase una nueva y revolucionaria legislación que trajo a los hombres, eliminando los 10 Mandamientos como normativos a los cristianos y cambiándolos por esta doble regla de “amor a Dios” y “amor a los semejantes”. Pero en lugar de ser sustituto, debe ser visto como síntesis de la ley universal de Dios.

       Por otro lado, Él simplemente repite lo que Moisés había dicho en Levítico 19:18 y Deuteronomio 6:5, mostrando la base de las leyes divinas completas. Pablo usa la misma idea en Romanos 13:8-10 resaltando el factor “amor” en la obediencia a los mandamientos de Dios, de los cuales solo cita algunos pocos—la parte por el todo—como se puede ver claramente en el vs. 9 (“. . . y cualquier otro mandamiento. . .”).

       Los sumarios no anulan los originales completos, como se percibe en los “Abstracts” de publicaciones científicas. En vez de tomar el lugar del trabajo principal, aumentan el valor del original de la pesquisa completa. La gente es así informada del material y los que quieran pueden encontrar maneras de conseguirlos para estudios más detallados y profundos del asunto, que se trajo al conocimiento público por el sumario.

       Conclusión: Siempre, en todos los tiempos, la ley de Dios tuvo el AMOR como principio subyacente—a Dios y al próximo. Consecuentemente, Cristo en Su “regla áurea” no presentó cualquier “novedad cristiana”, como algunos piensan. Él hizo muy claro que “de estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”.
 

       * Marcos 2:27: “El día de reposo [sábado] fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo”.

       Algunos interpretan este texto perdiendo de vista su principal punto. Normalmente resaltan su segunda parte, “no el hombre por causa del día de reposo” como si Jesús intentara descalificar el valor del mandamiento del sábado. Pero eso Le haría un Ser contradictorio, porque en la primera parte el sábado es confirmado como una institución que procede de la Creación—“hecho por causa del hombre”. Por supuesto esto incluye el primer hombre, Adán. Siendo, así establecido en el principio del mundo, el sábado se confirma como una institución universal.

       Puede ser sorprendente para algunos, pero esto ha sido el entendimiento histórico de los cristianos de prácticamente todas las iglesias. A lo largo de los siglos los bautistas, presbiterianos, metodistas, congregacionales, luteranos, episcopales enseñan esa noción tanto en sus confesiones de fe, catecismos y declaraciones doctrinales, como también mediante libros de instrucción por grandes teólogos de esas denominaciones. Las bien conocidas Confesión de Fe de Westminster, y la Confesión de Fe Bautista de 1689, en su discusión sobre la ley de Dios y su 4to. Mandamiento lo confirman.

      Primeramente, necesitamos entender la naturaleza global de los debates de Cristo con el liderazgo judío respecto al asunto del sábado. Para hacer eso claro, surge una pregunta: ¿Cuál era la intención de Sus discusiones sobre el sábado—era sobre SI debían observar el sábado, CUANDO debían observar el sábado, o CÓMO observar el sábado en su correcto espíritu? Cualquiera que sepa responder esta pregunta está en el camino seguro para entender la cuestión entera.

     En realidad, Jesús está criticando aquellos maestros en Israel por sus distorsiones del mandamiento, hasta siendo irónico. Ellos hacían igual con el mandamiento concerniente al respecto a los padres (el 5to. del Decálogo, ver Marcos 5:9-11) y la regla del diezmo (ver Mat. 23:23).
       Los fariseos habían establecido muchas reglas casuísticas e ilógicas sobre la guarda del sábado que la hicieron una carga sobre el pueblo, en vez de ser el sábado “delicia” como Dios  había intencionado (Isa. 58: 13, 14).
       Se puede decir que de la misma manera en que Jesús expulsó los cambistas del templo, Él expulsó del sábado las muchas reglas ilegítimas y extremas que fueron aplicadas al mandamiento.

       Conclusión: Lejos de indicar el fin del mandamiento del sábado en Sus palabras encontradas en Marcos 2:27, Jesús está confirmando el mandamiento como teniendo su origen en la creación del mundo, siendo, pues, un principio universal. Esto siempre fue así reconocido por los más representativos documentos confesionales cristianos y por instructores de la religión cristiana. Su intención era corregir la observancia del mandamiento, no abolirlo.

       * Hechos 15:28, 29: “Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado  a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis”.

        Hay los que toman estos textos para alegar que los judaizantes deseaban poner los cristianos de vuelta bajo las leyes y costumbres judías, que fueron abolidas en la cruz, y eso incluía el mandamiento del sábado, junto con la circuncisión. Vino, entonces, el primer concilio de la Iglesia que decidió eliminar la influencia de ellos y nada recomienda sobre la guarda del sábado en sus estipulaciones finales. Esto, según tales apologistas, prueba que no más debemos preocuparnos con la observancia de ese día, algo que solo se aplicaba a la vieja dispensación.

Se conoce bien cuan importante era la guarda del sábado para la vida religiosa y cultural de los judíos, y cuan fuertemente ligados eran con respecto a su observancia, hasta con celo excesivo, como hemos visto en los conflictos de Jesús con los fariseos sobre la manera de lo observar.

 Pero si toda la agitación de los judaizantes, registrada en Hechos 15, involucraba, además de la exigencia de la circuncisión, la observancia del mandamiento del sábado, entonces se esperaría que entre las cuatro recomendaciones de los apóstoles se encontrase algo con respecto a este mandamiento. Ellos lidiaran con aquellas cosas que causaban dudas entre la gente, como eran resaltadas por algunos. Pero como nada se dice sobre el sábado esto prueba, no que el principio estaba invalidado, sino que no fue asunto discutido entre los líderes cristianos en aquella ocasión entre las cosas destacadas por la agitación de algunos de los judíos convertidos a la fe cristiana.

Si la alegación de que la Iglesia-madre de Jerusalén fue la pionera de la promoción de la observancia del domingo por no más sentirse bien con la observancia del sábado “judío”, se esperaría encontrar en tal iglesia una clara e inmediata ruptura con las tradiciones y formas de culto judías. Con todo, lo que encontramos es exactamente el opuesto de eso. Tanto en el libro de Hechos como en varios documentos judíos-cristianos, como un texto del historiador palestino llamado Epifanio, se revela que la composición étnica y orientación teológica de la iglesia de Jerusalén eran profundamente judías. La caracterización de la iglesia de Jerusalén, según Lucas, de que sus miembros eran “celosos por la ley” (Hechos 21:20), es una exacta descripción que difícilmente permitiría ver el desecho de uno de los principales preceptos de la ley, como era el mandamiento del sábado.

       Algunas personas a veces citan Hechos 15:5 que indica que estos judaizantes insistían que los nuevos convertidos observasen la “ley de Moisés” dejando implícito que esto prueba que el sábado estuvo bajo discusión. Pero se olvidan que, en este sentido, la “ley de Moisés” lo se limita al sábado y a la circuncisión, pero abarca el “no matarás”, “no hurtarás”, “no adulterarás”, “honra tu padre y tu madre”. . .

En Hechos 15:21 es dicho que todo sábado la ley era leída en las sinagogas. Es un hecho bien conocido que los cristianos primitivos iban regularmente a las sinagogas los sábados para oír la lectura de las Escrituras. Ellos no tenían disponible, como lo hemos hoy día, múltiplas copias de la Biblia y hasta la posibilidad de bajar la Biblia completa por medio de la Internet, gratuitamente. Una colección de los rollos de la Torah era una pequeña fortuna que solamente congregaciones enteras podrían adquirir.

      Si aquellos cristianos fuesen a la sinagoga en cualquier otro día, encontrarían las puertas cerradas, o no habría lectura de las Escrituras. Esto se pasó hasta el fin del primer siglo, cuando por el año 95 AD los judíos, en una asamblea conocida como Concilio de Jamnia, pasaron a prohibir la presencia de cristianos en su ambiente. En Hechos 9:2 leemos como Pablo tenía órdenes de perseguir cristianos encontrados en las sinagogas, lo que se confirma en Hechos 22:19 y 26:10 y 11.

       Conclusión: Si el concilio de Jerusalén prueba algo concerniente al principio del sábado, es exactamente que no hubo discusión referente a su exclusión para los cristianos gentiles, pues se fuera así, esto aparecería en las cuatro recomendaciones de cosas de que debían ABSTERNERSE (Hechos 15:20, 29). Algunos insisten que esto no sirve de prueba porque entonces la circuncisión también no tendría sido discutida, ya que no aparece también entre las cuatro reglas. Pero la razón para eso puede ser que tal asunto era más fácilmente definido en las instrucciones apostólicas delante de tantas claras evidencias de las discusiones paulinas contra esa práctica en sus epístolas.

       El hecho innegable, con todo, es que se hubo debates con respecto a la abolición del sábado, o su sustitución por otro día, eso causaría polémicas muy agudas de parte de los cristianos  tan celosos por la ley, como eran los de origen judía. Ellos no aceptarían pasivamente que una práctica que les era tan cara fuese así despreciada sin que una gran agitación surgiera. Y siendo que no hay tal agitación, se hace obvio que ninguna discusión ocurrió sobre el mandamiento del sábado, pues había consenso cuanto a su aceptación.

       Por lo tanto, utilizar el episodio del Concilio de Jerusalén, registrado en Hechos 15, como un argumento contra el hecho de que la Iglesia cristiana primitiva observaba el sábado, tanto en su ala cristiana como judía, es un ‘tiro’ interpretativo que sale por la culata.

       * Santiago 2:10-12: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho; No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley. Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley  de la libertad”.

       En estos textos el apóstol de Cristo Santiago hizo muy claro que cualquiera que observar la ley entera, pero tropezar en un solo punto, se hizo culpable de TODA la ley. Y que él no se refiere la los aspectos ceremoniales de la ley es también hecho claro debido a las consideraciones siguientes:

a) El contexto indica que él se refiere específicamente a los 10 Mandamientos.

b) Cuando él escribió esto, sabía ya muy bien que la parte ceremonial de la ley, formada por reglas que eran prefiguraciones del sacrificio de Cristo, ya estaba abolida hacía mucho tiempo.

c) Los que alegan que Santiago era el líder de la “sección judía” de la comunidad cristiana primitiva solo se complican todavía más, porque él estaría incluyendo los ritos ceremoniales entre os mandamientos violados, SIN EXCLUIR el sábado con eso. Por el contrario, él tendría toda razón para incluirlo.

       Así, si Santiago tuviese en mente la interpretación de los adeptos de la teología semi-antinomista dispensacionalista (que alega que quien promueve la obediencia de los 10 Mandamientos necesita observar las 603 reglas adicionales de los judíos) él utilizaría lenguaje muy distinta, como:

       “Porque uno que observe el sábado, además de toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la  ley. Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley que concede libertad, esto es—la ley de los Nueve Mandamientos y Una Sugerencia”.

       Con todo, no fue ese el lenguaje de Santiago, como podemos ver.

       Conclusión: Lejos de decir que siendo que nadie es capaz de observar la ley perfectamente, los cristianos están liberados de sus exigencias—pues uno que viola uno mandamiento se hizo violador de la ley entera—el punto que Santiago destaca debe ser entendido según lo que Jesús dijo en Mateos 5:48: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”, y no, “Sed, pues, libertados de la ley, una vez que nadie sobre la Tierra es perfecto”. Nuestra obediencia depende de nuestra ligación con la vid viva  (ver Juan 15:4-8).

* 2 Corintios 3:3-8: “. . . siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. . . . Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu?”

       Entienden algunos que en 2 Corintios 3:3ss Pablo se refiere la los Diez Mandamientos, escritos en “tablas de piedra”, como un “ministerio de muerte”. Uniendo eso al texto de Romanos 8:3, donde dice que la ley se hizo “débil por la carne”, piensan que el Apóstol está revelando que el Decálogo necesitaba dar lugar a otra ley.

Pablo en 2a. Corintios 3:3-8 está estableciendo un contraste entre el ministerio de la vieja alianza con la nueva y atribuye el calificativo de “ministerio de la muerte”, por mencionar las “tablas de piedra”. Con eso algunos intérpretes bíblicos confunden las cosas y dicen que esas tablas de piedra representarían el “ministerio de muerte”. Entonces, no hay salida—el Dios que Se presentaba a Israel como “longánimo, misericordioso, bondadoso, piadoso y perdonador” en verdad preparó una terrible trampa para aquel pueblo en Sinaí, otorgándoles allí una norma legal ¡que resultaría ciertamente en muerte! ¡Él dejó en reserva la “ley de amor y gracia” solo para el pueblo del Nuevo Testamento! ¿Es esto el Dios que no hace acepción de personas?

Remontando al ambiente donde la ley divina fue solemnemente proclamada al pueblo, leemos en Éxodo 19:10ss el orden de Dios para Israel purificarse, y hasta abstenerse de actividad sexual (vs. 15) para una dedicación integral a Él en preparación a la proclamación de la ley. Límites fueron establecidos alrededor del monte para el pueblo no dirigirse hasta allí, y finalmente los Diez Mandamientos fueron audiblemente pronunciados, antes de ser escritos en las tablas de piedra.

Ahora, tanta preparación, tanta expectativa, tanta solemnidad para la entrega de . . . una ¡“ley de muerte”! ¡Es increíble! ¡Cualqiuier uno se sentiría engañado! Con todo, es, en última instancia, la exégesis que se lee en los escritos de intérpretes semi-antinomistas que no consiguen percibir que “la ley del Señor es perfecta y  restaura el alma”, como dice el salmista (Sal. 19:7) refiriendo-se a TODA la ley (Torah), es verdad, lo que significa inclusión, no exclusión, del Decálogo.

Pero, algo salió errado en esa alianza, transformándose su ministración en generación de muerte. ¿Por qué? ¿Dónde se ubicó el problema? ¿Era la ley así mismo, transmisora de muerte? Entonces no podría ser perfecta!

       Lo que muchos no consiguen comprender es que el problema no estaba con la ley, sino con el pueblo que, aún antes de conocer plenamente lo que sería pronunciado, precipitadamente declaró delante de la proclamación de la ley en el Sinaí: “Todo lo que Jehová ha dicho, haremos” (Éxo. 19:8). Era un pueblo de “dura cerviz”, tantas veces condenado por sus fallas. Así, se hace tan fácil de entender eso: el problema no estaba en la ley, sino en el pueblo, lo que es hecho muy claro en la promesa de la Nueva Alianza al tiempo de Ezequiel—“quitaré de vuestra carne el corazón de piedra”. Por lo tanto, los que tenían el corazón errado era el pueblo, de ahí la necesidad de ese pueblo cambiar su actitud, permitiendo que Dios operase un serio cambio—el corazón de piedra eliminado y repuesto por uno de carne. Así, lo que debía ser cambiado no era la ley, sino los corazones de piedra.

        Y un detalle importante es que cuando Pablo utiliza la alegoría “tablas de piedra/tablas de carne” muestra que su intención era incluir TODOS los mandamientos de las “tablas de piedra” como ahora encontrándose en los “corazones de carne”. De otro modo, no haría sentido el uso mismo de la comparación, y él tendría que utilizar otro lenguaje más adecuado en el vs. 3:3, algo como, “siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo. No en tablas de piedra, sino en   tablas de carne del corazón, o sea, solo nueve mandamientos de las tablas de piedra, excluido el del sábado. . .”  Pero no fue ese el lenguaje de Pablo, así que el mandamiento del sábado DEBE ESTAR INCLUIDO en las tablas de carne.

       Conclusión: En 2 Corintios 3 Pablo no dice que la ley es de muerte, sino que el ministerio de la vieja alianza vino a así hacerse. La ilustración paulina de “tablas de piedra” y “tablas de carne” se ocupa con la antigua promesa divina a Israel en Ezequiel 36:26, 27 de que, por acción del Espíritu, el corazón de piedra les sería removido para que un corazón de carne, más maleable, les fuese concedido. En ese corazón de carne sería escrita la ley moral de Dios completa, como prometido en la Nueva Alianza (Heb. 8:6-10).

      Cuando utiliza la alegoría “tablas de piedra/tablas de carne”, que es la misma de Ezequiel (ver 11:19, 20 y 36:26, 27), él ciertamente no pensaría en excluir ningún de los mandamientos de las “tablas de piedra”, así como Ezequiel no excluyó. Si lo hiciera, él tendría que explicar que el cristiano sería una carta escrita, no en tablas de piedra, pero en tablas de carne, excluyéndose el mandamiento del sábado, o algo así.

       La intención de Pablo es mostrar que para el cristiano renovado por el Espíritu, los términos de la ley moral divina dejan las frías tablas de piedra para se registrar en sus corazones calentados por la gracia (ver Rom. 8: 3 y 4), lo que hace de la interpretación antinomista de 2 Corintios 3:3ss otro “tiro” interpretativo que sale por la culata.

       Discusión sobre el tema de la naturaleza y destino humanos:

*  Mateo 22:32: “Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?  Dios no es Dios de muertos, sino de vivos”.
       Lucas presenta el mismo episodio del diálogo de Jesús con los saduceos de manera más completa. Él finaliza diciendo: “Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven. Respondiéndole algunos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho. Y no osaron preguntarle nada más” (Lucas 20: 37, 38).

       ¡El énfasis no está en la inmortalidad del alma, sino en la RESURRECCIÓN! Las palabras son muy claras—“en cuanto a que los muertos han de resucitar. . .” (vs. 37). Los abogados de la inmortalidad del alma estarían absolutamente correctos si Jesús hubiera dicho: “Y que los muertos van al cielo con sus almas. . .” ¡Con todo, esto no fue lo que dijo!

       Por otra parte, la propia discusión comienza por estas palabras: “Llegando entonces algunos de los saduceos, los cuales niegan haber resurrección. . .” (vs. 27). En la secuencia de la charla de los saduceos, se puede ver el mismo énfasis: “En la resurrección, pues, ¿de cuál de ellos [de los siete hermanos muertos] será mujer. . . ?” (vs. 33).

       Y las palabras de Cristo en cierto punto son significativas: “. . . mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos . . .” (vs. 35).

       Es muy claro que a lo largo de la discusión entera no hay la mínima pista para cualquier noción de inmortalidad del alma. Los saduceos no preguntaron: “Y cuando estos siete hermanos murieron y sus almas inmortales fueron para los cielos . . .?” Se puede ver que el foco yace totalmente en la resurrección de los muertos. Y debe todavía ser notado un detalle relevante a la comprensión global de la discusión: Jesús Se refiere a aquellos que serán dignos de “alcanzar aquel siglo [la era venidera] Y LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS”.

       Este pasaje, pues, considerado globalmente, en vez de favorecer la noción de inmortalidad del alma es exactamente la confirmación de la expectativa de vida eterna, la era venidera, ocurriendo ¡por la resurrección de los muertos! En este contexto Cristo concluye el diálogo refiriéndoSe a Moisés, cuando dijo: “Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó . . . cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob”. Y entonces agrega: “Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven” (Luc. 20:37, 38).
       ¿Y por qué para Él están todos vivos? ¿Por tener un “alma inmortal” o por resucitar de los muertos? ¿Cuál es el contexto? Cuál es el énfasis? ¿Cuál es el sentido lógico, leyéndose todo el registro de los debates y su término?

       Conclusión: El episodio de la discusión de Cristo con los saduceos respecto a la resurrección de los siete hermanos y la mujer que presuntamente se hace viuda de uno después del otro, lejos de probar la inmortalidad del alma, tiene su foco sobre la resurrección de los muertos, asociada  con el alcanzar la “era venidera”. Esto se reveló tan claro a los saduceos, que primeramente intentaron atrapar a Jesús en una contradicción, por fin Lo elogiaron (“Respondiéndole algunos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho. Y no osaron preguntarle nada más”—vs. 39, 40). Es interesante que esa no fue la primera vez que esto vino a se pasar—los que querían crear un pretexto para coger a Jesús en error por fin Lo felicitaron (ver Marcos 12:34).

       Así, recurrir al diálogo de Cristo con los líderes judíos con Sus palabras, “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos” para probar la inmortalidad del alma es, realmente, un “tiro” interpretativo que sale por la culata.

*  2 Corintios 5: 6 y 8: “Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor. . . . pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor”.
   Filipenses 1:23: “Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de  partir  y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor”.

       La palabra griega soma (cuerpo), en su significado original denota el ser humano como un todo, un organismo formado, una unidad, el ser humano como una persona en su totalidad. La visión bíblica es esta—holística, el hombre completo, cuerpo, alma, espíritu, perfectamente integrados y operando armónicamente. Salomón habla de esa íntima relación psicosomática: “El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos”—Proverbios 17:22.

       En 1 Tesalonicenses 5:23, cuando el apóstol Pablo habla sobre su deseo de que  “el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”, él se está expresando contrario al pensamiento de que el alma, el cuerpo y el espíritu sean entidades que actúan de modo interdependiente entre ellos.

       Es significativo que el Apóstol resalta la necesidad de preparación espiritual para la “venida de nuestro Señor Jesucristo”, no para el momento de la muerte, cuando la persona debería “partir y estar con Cristo” (Fil. 1:23). Así, él no deja implícito el punto de vista dualístico.

       Es también importante examinar los vs. 6 y 10 de Filipenses 1 (contexto para el vs. 23) donde se da énfasis a la preparación espiritual para el “día de Cristo”, además de Filipenses 3:20, 21, donde Pablo destaca  una vez más su expectativa con respecto a la “ciudadanía celestial” que él heredaría cuando en Su retorno Cristo “sujetar a sí mismo todas las cosas”. Con eso, el énfasis claro está en la resurrección de los muertos , cuando se da la Segunda Venida de Cristo, no cuando el alma parte para el cielo, inmediatamente después de la muerte.

       No hay en la Biblia ningún concepto de “almas” o “espíritus” actuando independientemente en una manera conciente, a menos que uno toma los textos bíblicos aisladamente mientras ignora su contenido, o forzando el sentido según presuposiciones infundadas, como la alegación de que Jesús declaró, “aún no he subido a mi Padre” en Juan 20:17, con el sentido de—“mi ‘alma’ subió, pero ahora yo voy en una manera completa, cuerpo y alma. . .” Esta sería una conclusión absurda, para decir lo mínimo. Después de todo, ¿habría el Verbo divino también recibido un “alma inmortal” humana por ocasión de su Encarnación? La profecía que trata de Él solo dice, “Me preparaste cuerpo” (Heb. 10:5); nada dice de “alma”.

       En el tiempo anterior al cristianismo, filósofos como Platón y Aristóteles promovieron la noción de que el cuerpo es intrínsecamente malo, y la mente es buena. Cuando Cristo vino al mundo revestido por un cuerpo humano, Él transmitió al cuerpo una nueva dignidad. Aún antes de la primera venida de Cristo podemos ver como los hebreos tenían importantes leyes que destacaban la debida atención a la salud física y mental.

       La ciencia moderna ha confirmado la validez de las leyes alimenticias de la legislación israelita, pues el nuestro cuerpo, como Pablo declara, es “el templo del Espíritu Santo”. La filosofía griega y de otros pueblos paganos no valorizaba el cuerpo. Esto explica la aparición de tantas formas de religión mística y actitudes tales como flagelación corporal y otras formas de desprecio al cuerpo, en favor de valorar y perfeccionar el “alma”  o “espíritu”.

       Es importante para una buena comprensión del tema, establecer una relación entre estos dos textos—Filipenses 1:23 y 2 Corintios 5:8. Después de todo es el mismo autor bíblico, tratando exactamente del mismo tema—la reunión del Señor que ocurrirá, no inmediatamente después de la muerte y de la partida de un “alma inmortal” a los cielos, sino cuando el cuerpo es “revestido” de la “habitación celestial”. Uniéndose los dos textos, tenemos:
       “Sí, estamos llenos de confianza, y preferimos dejar el tabernáculo de este cuerpo, esto es, partir y estar morando junto al Señor, de modo algún hallados ‘desnudos’, mas siendo revestidos de nuestra habitación celestial, pues esto es mucho mejor”.

       Por otra parte, es inevitable la comparación entre la cláusula del vs. 4, “para que lo mortal sea absorbido por la vida” con el texto correspondiente al lenguaje de 1 Corintios 15:53, 54: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria” (ver Isaías 25:8 y 9).

       Cuando él dice que no deseaba ser hallado desnudo y, al mismo tiempo, deseaba estar con el Señor, él expresa su deseo de ver el retorno del Señor sin pasar por la muerte, dejando el cuerpo e yendo directamente para estar con Cristo. Tanto así es que el propio Apóstol declaró en 1 Tesalonicenses 4:14-17 que cuando el Señor viniese, los muertos en Cristo serían resucitados primero, entonces, él, juntamente con los demás que están vivos, serían arrebatados junto con él en las nubes para encontrar el Señor en el aire.

       Y Pablo también creía que, estando en la compañía de los que estuviesen vivos en esa ocasión, no precedería a los que dormían.
       Es muy importante también coordinar los varios textos donde el autor se ocupa del mismo tema para ver cual es el foco de su pensamiento—su énfasis. Y claramente la tesis de que la expectativa de Pablo era de partir inmediatamente después de muerto como un “alma inmortal” es una conclusión a que solamente se llegará si uno aislar el texto de su sentido natural, como visto por pasajes paralelas.

       Cuando crédito debido es dado a la creencia en la inmortalidad del alma, entendiéndose que el hombre recibe su recompensa de salvación o perdición inmediatamente después de la muerte, la resurrección se hace ineficaz, innecesaria y sin destaque ninguno. Y, como mostrado en I Corintios 15:13 y 14, si no fuese por la resurrección de los muertos, nuestra predicación sería vana, como aún nuestra fe. La primera mentira del diablo (“No moriréis”—Gén. 3:4) sirve a estos maléficos propósitos—disminuir la importancia de la creencia en la resurrección final, el juicio final (pues en la muerte cada uno se va a su destino final, haciendo el juicio prescindible).
       Es significativo que las palabras paulinas resaltan que la falta de resurrección haría la predicación del evangelio algo inútil. Esto es altamente significativo porque los que creen en la inmortalidad del alma pueden dispensar la resurrección. Si las almas de los que se fueron ya están gozando las “bienaventuranzas celestiales”, disfrutando sus recompensas, la predicación para estos tendría sido en vano, ¿pues que no estaban ellos garantizados en el cielo, independientemente de haber o no una resurrección futura? Así, la resurrección de los muertos se hace un asunto que no parece preocupar ni un poco los que ya están más allá del sol.
       Es también oportuno examinar las implicaciones de los vs. 16-18 que los dualistas no saben como interpretar debidamente: no fuese por la resurrección de los muertos, confirmada y garantizada por la del propio Cristo, “Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron”. Es muy claro que—sin la resurrección, no solamente la predicación del evangelio sería una cosa vana, como los que oyeran tal predicación y la aceptaron estarían perdidos!—sin cualquier esperanza de heredar la vida eterna! Permanecerían simplemente como polvo, para siempre. . . Y tal razonamiento adquiere fuerza especial en los  vs. 31 y 32: “Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero. Si como hombre batallé en Efeso contra fieras, ¿qué me aprovecha?  Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos”.
       Así, el razonamiento paulino es evidente: si él hasta arriesgó su vida en Efeso, ¿que provecho habría en eso se muriese y no ocurriese ninguna resurrección? Entonces, sin cualquier esperanza de una resurrección lo mejor a hacer sería aprovechar la vida al máximo posible: “comamos y bebamos, porque mañana moriremos”. Y él también había comentado: “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres” (vs. 19).
       Por otra parte, volviendo al texto de 2 Corintios 5:1-8, el apóstol Pablo no deseaba ser hallado desnudo, sin un cuerpo mortal, ni sin un cuerpo inmortal, el celestial—esto es, pasar por la muerte—pero prefería ser revestido. La ilustración de Pablo de ponerse la casa celestial, se desnudando de este tabernáculo terrestre bajo el cual gemía, no deseando, entonces, ser encontrado desnudo, es una poderosa arma contra las distorsiones de escritos de algunos que desean forzar el Apóstol de los gentiles a creer en nociones paganas que perturbaban el cristianismo del primer siglo y que él jamás aceptaría. En el contrario, él combatía vigorosamente.
       El lenguaje de Pablo es clara cuanto a “revestirse” de la “habitación celestial” en contraste con el abandono del tabernáculo terrestre, y su expresión de intención de no ser encontrado “desnudo”. ¿Qué tiene que ver la idea de “revestirse” y “no ser hallado desnudo” con la de un alma dejando el cuerpo de un muerto? La forma del lenguaje es exactamente el OPUESTO de tal noción. Indica, realmente, que la esperanza de Pablo era ir para estar con su Señor en cuerpo, al final de la resurrección o arrebatamiento (en caso de que estuviese vivo cuando Cristo volviese), y no en espíritu (o alma).

       Conclusión: El lenguaje de Pablo sobre “revestirse” de la “habitación celestial”, en contraste con abandonar el tabernáculo terrestre, y su expresión de deseo de no ser hallado “desnudo” confirma que él esperaba heredar la vida eterna, no inmediatamente después de la muerte con su alma yendo para el cielo, pero cuando “la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Tim. 4:8).

       Así, las nociones de “revestirse” y “no ser hallado desnudo”, lejos de confirmar la idea de un alma dejando el cuerpo cuando de la muerte, deja implícito exactamente el OPUESTO de tal noción: la expectativa del Apóstol era encontrar el Señor cuando de la resurrección final o ser arrebatado junto a los justos, en caso de que estuviese en tal condición cuando ocurriese el Advenimiento. Solamente entonces él podría “partir y estar con Cristo”.

       Se concluye, pues, que utilizar Filipenses 1:23 y 2 Corintios 5:1-8 para justificar la posición dualística es un evidente “tiro” interpretativo que sale por la culata.

[Obs.: La discusión en este tópico sobre 2 Cor. 5:1-8 es formulada con material del estudio “Análisis de 2 Corintios 5:8 y Su Contexto Inmediato”, de autoría del Pastor Théo Mário L. Rios, además de nuestros propios comentarios. Usado con permiso].
 
 

* Mateo 10:28: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”.

       Algunos intérpretes piensan que el lenguaje de este texto es suficientemente claro como prueba de que Jesús enseño que el alma no muere, siendo una parte inmortal del hombre. ¡Pero el texto nos informa realmente sobre la posibilidad de que el alma sea destruida en el infierno [geena]!

       Los dualistas intentan encontrar apoyo en este texto para el concepto de que el alma es una sustancia inmaterial, mantenida en seguridad después de la muerte del cuerpo. Con todo, la referencia al poder de Dios de destruir el alma [psyche] y el cuerpo en el infierno niega la noción de un alma inmortal, inmaterial. ¿Cómo puede un alma ser inmortal si Dios la destruye con el cuerpo, en el caso de los impenitentes? Si este texto se lee a la luz del significado expandido que Cristo atribuye al alma, el sentido de esta declaración será: “no temáis los que pueden traer vuestra vida terrestre (cuerpo-soma) a un fin, pero no pueden eliminar vuestro potencial de obtener vida eterna; sino que debéis temer aquel que puede destruir vuestro ser integral eternamente”.
       Como dijo cierto autor evangélico, “La exhortación de Nuestro Señor es clara. El poder del hombre de matar termina con el cuerpo y el horizonte de la Era Presente. La muerte infligida por el hombre no es final, pues Dios llama los muertos del polvo de la tierra y concederá inmortalidad a los justos. La habilidad de Dios de matar y destruir no tiene límites. Él alcanza más profundamente do que el físico y va allá del presente. Dios puede matar el cuerpo y el alma, ambos ahora y en el allá-túmulo”.

       Es también significativo que Lucas repite la declaración de Cristo omitiendo la referencia al alma: “Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el  infierno; sí, os digo, a éste temed” (Lucas 12:4, 5).

       Lucas omite la palabra “alma-psyche”, refiriéndose en vez de eso a la persona integral que Dios destruye en el infierno. Es posible que la omisión del término “alma-psyche” fue intencional para evitar incomprensión en las mentes de lectores gentiles, acostumbrados a pensar en el alma como un componente inmortal que sobrevive a la muerte. Para hacer claro que nada sobrevive a la divina destrucción de una persona, Lucas evita emplear el término “alma-psyche” que podría ser confundida por sus lectores gentiles.

       Tal interpretación es confirmada en Lucas 9:25, donde el término “alma-psyche” es omitido: “Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” Lucas probablemente empleó el pronombre “él” en lugar de “alma-psyche”, como usado en Marcos 8:36, porque él se dirige a lectores gentiles y deseaba evitar ambigüedad, ya que ellos mantenían conceptos dualísticos.

       Cuando tenemos en mente el amplio significado que Cristo atribuyó al término “alma”, entonces el sentido de esa declaración se hace bastante clara. Matar el cuerpo significa eliminar la vida presente de sobre la Tierra. Pero eso no mata el alma, o sea, la vida eterna potencial recibida por aquellos que aceptaron la provisión de salvación en Cristo. Remover la vida presente significa poner una persona a dormir, pero esa persona no es realmente destruida hasta la segunda muerte, que ocurrirá en el geena, o lago de fuego, llamado específicamente de “segunda muerte” (Apo. 20:14 y 21:8).
       La preservación del alma en las enseñanzas de Jesucristo no es un proceso automático de posesión de la propia alma, pero un don de Dios recibido por aquellos que están dispuestos a sacrificar su alma (la vida presente) por Él. Este sentido expandido de alma está relacionado muy cerca del carácter y personalidad de un creyente. Personas de poderes malignos podrían matar el alma, la vida física, pero no destruir el alma, el carácter o personalidad de un creyente, bien como sus convicciones íntimas. Dios Se comprometió a preservar la individualidad, personalidad y carácter de cada creyente. En la ocasión de Su venida gloriosa en las nubes del cielo, Cristo resucitará los que murieron en Él, restaurando el alma, o sea, su carácter y personalidad distintivos.

       Conclusión: El texto analizado aquí, en vez de probar la doctrina del inmortalidad del alma, demuestra que Dios puede eliminar este “alma” haciendo con que perezca en el geena, un término original que se traduce por “infierno”. La palabra para “destruir” en este texto es la misma que Pedro usa para hablar tanto de los que murieron en el diluvio, como de los que habrán de perecer en el juicio final (ver 2da. Ped. 3:6-10).
       Pedro claramente tuve la intención de ilustrar el castigo final de los pecadores con lo que hubo con los que fueron muertos masivamente en el diluvio. Por supuesto la ilustración se limita al factor de la súbita muerte de todos juntamente, porque los que murieron  en aquella ocasión no permanecieron en torturas líquidas desde entonces.

       Por lo tanto, Mateo 10:28, utilizado para defender la doctrina de inmortalidad del alma, está lejos de servir de prueba de esa enseñanza, y realmente la niega, lo que constituye un “tiro” interpretativo más que sale por la culata.

[Obs.: Una buena parte de lo que es expuesto arriba fue condensado del libro Immortality or Resurrection?, del Dr. Samuele Bacchiocchi].

* Marcos 9:48: “. . . donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga”.

       Este es otro texto que la gente confunde pensando que significa que el alma nunca muere, y que el fuego del infierno nunca se extingue.
       Pero Cristo simplemente usa una metáfora que ya había sido empleada por Isaías mucho tiempo antes (cap. 66:24). El Profeta habla allí de tropas de los enemigos de Dios, cuyos CADÁVERES son dejados sin ser sepultados, con gusanos los consumiendo. Él utiliza esta repugnante lenguaje para realzar el horror de la escena, pero una vez que “cadáveres” son claramente mencionados, esto es una indicación de muerte, no de continuada existencia de algún alma inmortal. Jesús habla de “gusano” que nunca muere, no de “alma”. ¡En fin de cuentas, alma es alma y gusano es gusano!

       En Isaías 34:9, 10 encontramos otro ejemplo de lenguaje empleada por Juan en el Apocalipsis, bien como en Jeremías 17:27 que habla de un fuego que quema las puertas de Jerusalén, y “no se apagará”. Con todo, no existe ningún fuego ahora quemando las puertas de la capital israelí.
       “Hipérbole” significa algo en que se exagera a fin de destacar su carácter. Esto se ve en himnos nacionales, como el brasileño, que tiene un verso que dice, “Patria amada, IDOLATRADA. . .” En realidad, nadie idolatra literalmente la patria. . .

       Y tenemos en el Nuevo Testamento el “juicio eterno” de Hebreos 6:2, que no es un proceso que tiene un inicio, pero no un final, sino que es eterno en sus efectos y consecuencias. ¿Y que decir sobre el “fuego eterno” que quemó Sodoma y Gomorra, pero no más está quemando en nuestros días (ver Judas 7)?

       Después de todo, “la paga del pecado es muerte” (Rom 6:23). En el Salmo 68:20 leemos: “Dios, nuestro Dios ha de salvarnos Y de Jehová el Señor es el librar de la muerte”.

       Conclusión: Claramente, el lenguaje que debe PREVALECER en esta paradoja es la de muerte eterna de eses pecadores, contrastada por Cristo con la vida eterna de los redimidos: “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.” (Mat. 25:46). Así, el lenguaje hiperbólico utilizado por Cristo en Marcos 9:48, sobre el “gusano que nunca muere”, se demuestra una excelente explicación de la condición de muerte de los pecadores, confirmándose así como un “tiro” interpretativo que sale por la culata su utilización para el propósito opuesto de probar la inmortalidad del alma.



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